Soy un artista visual de Mallorca y vivo y trabajo entre Sa Pobla y Londres. Cuatro décadas tras la cámara me enseñaron una lección duradera: que la belleza superficial es lo de menos en una imagen. Lo que perdura en una obra —como en un rostro, como en un lugar— es su carga emocional. Todo lo que hago nace ahí.
La fotografía sigue siendo mi manera de mirar, pero ya no es mi destino. Uso la cámara para trasladar elementos del mundo natural —mi propio cuerpo, la tierra, una red de pesca— a la pantalla de serigrafía, desde donde vuelven a la obra por la mano. La pantalla me sirve en los dos registros del grabado: algunas obras existen como ediciones, en la tradición fotográfica; muchas otras pasan por ella a la manera del monotipo: cada impresión es una variante, trabajada y pintada para existir una sola vez.
Mi tema es el vínculo entre las personas y el lugar, y lo abordo a través de la materia del propio lugar. En Corpus Terra molí la tierra agrícola de Sa Pobla —donde vivo, donde nació mi hijo y murió mi padre— hasta hacer de ella un pigmento ligado con una gota de mi propia sangre, y con él imprimí la huella de mi propio cuerpo. Un nuevo cuerpo de obra me lleva ahora de la tierra a la costa y al mar: diluyo el acrílico en agua de mar y trabajo las pinturas con redes de pescadores del puerto, y luego imprimo una red fotografiada sobre cada mar terminado — lo hecho por el hombre interactuando con lo natural.
Estos dos cuerpos de obra pertenecen a un mismo pensamiento. La gente de la tierra cultiva su alimento en el mismo suelo donde entierra a sus muertos; la gente del mar saca su alimento de la misma agua que recibe a los suyos. El sustento y la pérdida comparten un solo elemento, y con ese elemento es con el que pinto. Esto es la vida isleña vista desde la mirada de un isleño —la tierra que pisamos y el mar que nos rodea—, y es una indagación que espero que me ocupe el resto de mi carrera.
Mi padre era artista, y entiendo lo que hago como una continuación de lo que él empezó: una atención a lo que permanece —de un lugar, de una persona, de un gesto—. Al espectador solo le pido lo que la obra me pidió a mí: quedarse el tiempo suficiente para dejar de mirar y empezar a sentir.