Todos conocemos a los grandes protagonistas de Las Meninas: la infanta, las damas de honor, el propio Velázquez y el reflejo de los reyes al fondo. Pero al fondo del cuadro, casi fuera de lugar, hay un hombre en una puerta abierta. Aquel hombre es José Nieto, el aposentador de los apartamentos reales. No es noble, no es artista, no es infante. Y aun así, es él quien ocupa el punto de fuga, el centro de la perspectiva, la salida y la entrada de la luz.
Cuando empecé a estudiar Las Meninas con la idea de crear una obra contemporánea inspirada en este cuadro, todos se centraban en la infanta o en Velázquez. Pero yo me obsesioné con ese personaje que nadie conoce. ¿Qué hace ahí? ¿Está entrando? ¿Sale? ¿O simplemente mira? No lo sabemos. Y ese no saber es lo que más me cautivó. José Nieto representa el momento antes de la acción, el instante de conciencia pura, el estar. Es quien sostiene el espacio sin reclamarlo.
Con los corazones de los personajes principales dibujados sobre el cuadro, se ha visto que forman la estructura de una constelación, y curiosamente el corazón de Nieto es el que equilibra la forma. Es el centro emocional oculto del cuadro. Ese detalle simbólico reforzó aún más mi decisión de situarlo como núcleo de mi proyecto.
Mi trabajo, Corpus Terra, no quiere recrear el cuadro, sino abrir una nueva lectura a partir de la ausencia, de la figura que no se mira pero que sostiene la composición entera. Y habla también del artista — que, como Nieto, está a menudo en el límite, entre la presencia y el desvanecimiento, entre el gesto y la desaparición. Sin el paso de Nieto, el cuadro no tiene salida. Sin el paso del artista, no hay obra.