El proyecto nace del último plano de Las Meninas, donde José Nieto aparece en una puerta abierta, como si llegara o se marchara — o quizá solo observa. Esa ambigüedad me sirvió como punto de partida para una obra que conecta al artista con el territorio, el cuerpo con el rastro, y la presencia con lo que queda.
Para crear Corpus Terra utilicé tierra de Sa Pobla — tierra agrícola, fecunda, cargada de vida y de recuerdos — y la mezclé con una gota de mi propia sangre. Con estas dos materias elementales generé una tinta para imprimir una figura humana que no es un retrato, sino una huella. La silueta proviene de una acción ritual: me tendí sobre un papel de las mismas dimensiones que el cuadro de Velázquez (320,3 × 279,1 cm) y me cubrieron con tierra como si fuera una sepultura. Aquella sombra, aquel vacío, se convierte en el centro de cada una de las cinco estampas, realizadas a escala 1:4 como edición limitada en serigrafía.
Esta obra no habla del retrato, sino del paso, del rastro, de lo que se desvanece y queda. Es una presencia que ya no se ve, pero sin la cual nada habría sido posible.